lunes, 11 de mayo de 2015

Cuantas veces

Cuantas veces derramé lágrimas por querer quedarme cinco minutos más a tu lado. Cuanto tiempo desperdicié ante la puerta de tu casa esperando a que me abrieras mientras afuera hacía frío.

No sé la cantidad de veces que me creí tus mentiras, me decía “Dale una oportunidad”, me sonreía a mí misma y me decía que todo iría bien, que te darías cuenta de tu error y rectificarías, pero no fue así.

Tampoco recuerdo las veces que me quedé a tu lado cuando más me necesitabas, como tampoco los momentos en los que te abracé para consolarte, en espera de que tú también harías lo mismo, pero no fue así.

Al parecer, las caricias, los abrazos, los besos, esos pequeños actos de cariño que hacía parecía que los recibiera una piedra, por algo no recibía nunca nada al parecer.

¿Y ahora? Ya no sé. La confianza se perdió, no me creo ningún piropo, es como si dijera: “¿Me lo dices a mí?. Difícil de creer, la verdad, una lástima, supongo. Así como el cariño que me dan, es como si no existiera. Como si una armadura hubiera cubierto mi cuerpo para  no sentir más dolor, qué triste.

Sin embargo, aún sigo sonriendo. Qué tontería, ¿no crees? Después de haber penado tanto, sigo hacia delante, es como si un ángel de la guarda me sostuviera y no permitiera que me cayera o algo así. Rendirme no está en mí. Yo no soy así.


De ti aprendí mucho, sobre todo a sobrevivir. 


jueves, 26 de febrero de 2015

23 días



Las puertas se iban abriendo lentamente, milímetro a milímetro, aún quedan veintitrés días para que pueda hacerlo por completo, pero ahí está ella, pendiente de la puerta. “Uno más” Susurra cada día ante el portón que le separaba de la libertad, de seis meses que tenía de libertad para estar en contacto con todos.

No es que no le agrade estar ahí, es que han pasado ya cinco meses entre las tinieblas y un poco de sol no le vendría nada mal. No tiene queja de aquel lugar, pues se está caliente después de todo, sin embargo, no es lo mismo recibir las caricias del sol que la fría brisa del anochecer.

De nuevo, enjugará sus lágrimas de felicidad, haciendo que los pequeños brotes de hierba vuelvan a su espeso verdor, el río llore de alegría, los vientos soplen de emoción, las flores abran los ojos y que los pájaros canten el himno al nuevo día, aquel que tanto espera con ansias.

Así los días pasarán, ella frente a la puerta viendo como un rayito de luz, casi inexistente empieza a aparecer con timidez tras la puerta, lo recibe entre sus manos con una tierna sonrisa hasta que oye sus pisadas, sandalias de madera que pisan fuerte hasta llegar a ella.


Una mano toca la suya con firmeza y le ayuda a levantarse del suelo, cogiéndole levemente de la cintura y mirándole fijamente a los ojos. “Te veré en seis meses” le dice con voz ronca, casi susurrante, ella asiente y le da un suave beso en la mejilla, dejando que él le abra la puerta y salga al exterior.


viernes, 6 de febrero de 2015

Sensualidad

¿Qué es la sensualidad? 

    Primero que nada, he de decir que no debemos confundir la sensualidad con sexualidad puesto que son dos cosas muy diferentes.

     La sexualidad se refiere a la unión entre dos personas y  la sensualidad es ese sentimiento intimo que está entre el amor y el erotismo.

     Sin embargo, el ojo humano no es capaz de percibir lo que es el erotismo y la sensualidad hoy en día, puesto que solo tienen ojos para lo sexual ya que ese concepto está bastante mal definido y proporcionado debido a nuestra querida sociedad.

     Sensualidad no es ver a una mujer en bikini o a un hombre en bóxer. No. Sensualidad es ese momento en el que el tirante del top se baja solo por la poca fuerza, ese momento en el que te rascas la espalda y la camiseta deja que se te vea un poco el vientre. Eso es sensualidad, el momento de intriga.

     Aunque no solo se percibe en las personas, también en la pintura y escultura, sobretodo en esta última, vamos a hablar de una obra de Bernini que a mi me gusta mucho, El rapto de Proserpina.

       En esta escultura podemos ver a los dos dioses representados desnudos, Plutón agarrando a Proserpina de las caderas para poder secuestrarla y hacer de su esposa más adelante.

       Esa obra es bastante impactante pero quisiera detallar algo en concreto. La zona en la que las manos del dios del inframundo presionan el muslo de la joven. Ahí podemos ver el suave tacto de la piel, como si fuera real aunque se trate de mármol. Eso sí que es sensualidad, ese roce, contacto que hay entre ellos sin que llegue a ser algo carnal.

      No solo hemos de deleitarnos con fotografías modificadas para ver algo erótico.